LA ÚLTIMA MEDIANERA, nuestra propuesta para la Ampliación del Archivo Municipal de Burgos en el Palacio de Castilfalé, pretende ser a la vez realista y ambiciosa, respetuosa tanto con el entorno monumental donde se integra como con el Palacio donde se inserta. LA ÚLTIMA MEDIANERA es una respuesta pragmática y poética con relación a las múltiples intervenciones que ha sufrido el Palacio de Castilfalé o Castrofuerte a lo largo de siglos, que pretende devolver el esplendor de su claustro que, por el actual funcionamiento de la institución, ha dado la espalda al usuario, para tornarse en una pequeña joya oculta a los ojos de la ciudadanía.

Somos plenamente conscientes de que en un proyecto de estas características la atención a las necesidades de sus usuarios, tanto los investigadores como los propios trabajadores, es tan primordial como la custodia y conservación de un depósito documental tan relevante para la historia de la ciudad.

La sencillez, la lógica y la eficiencia del funcionamiento de los depósitos documentales, así como la conservación de la documentación está asegurada por su ubicación en las cotas inferiores que corresponden al zócalo del Palacio y su ampliación. La sobriedad y la funcionalidad propuestos en la organización del programa, así como la propuesta de ejecución material se combinan con la capacidad de sorpresa, la poética y el impacto sensorial de sus interiores, un espacio sobrio y contemporáneo como así se manifiesta en la Sala de consulta y administración en la que el Templo parece introducirse en el nuevo edificio.

Las nuevas zonas de consulta y trabajo interno se combinan con los renovados espacios de la primera ampliación del Palacio con el fin de resolver el programa más público y ofrecer un servicio adecuado tanto a usuarios como trabajadores. El cuerpo que corona el zócalo del nuevo depósito documental destinado a los investigadores representa un nuevo universo, que da una respuesta silente y respetuosa el frente de la calle de Fernán González, entablado un diálogo contemporáneo entre ambos cuerpos del Palacio (zócalo de piedra y plantas nobles de aparejo de ladrillo tradicional) y cediendo el protagonismo del espacio urbano al Templo de Santa María.

LA ÚLTIMA MEDIANERA consiste en una intervención contenida en su imagen exterior para poner en valor desde su interior el claustro original, corazón del proyecto primigenio y origen de la idea del nuevo proyecto de ampliación. Esto, unido al patio de nueva creación dotará de luz, espacialidad y, en definitiva, de actividad y vida, al conjunto del proyecto y a sus usuarios, tanto investigadores como público en general y trabajadores.

El problema que plantea esta calle es el de haber sufrido una fuerte y drástica transformación durante el último siglo y en la actualidad presenta una medianera sin resolver, que no coincide con la alineación original de las casas ahí ubicadas en origen. Cabe recordar que esta plaza tiene su génesis en un retranqueo típico de los palacios urbanos, un pequeño ámbito previo al acceso al edificio denominado parvis, que genera un pequeño espacio frente a la portada y dos paños laterales que son tratados originalmente como parte indisoluble del triedro de la fachada.

Materialidad de la propuesta como ampliación del edificio original

La diferenciación de los dos cuerpos principales del palacio original se traslada a la nueva ampliación mediante de materiales y tecnologías contemporáneas que permiten generar la diafanidad y fluidez de los espacios propuestos. El basamento se resuelve mediante un material tradicional, atemporal, resistente y versátil como es la piedra, a partir de un muro en el frente a la calle, cuya alineación prolonga con delicadeza la fachada del palacio original, replicando la alineación del mismo y cediendo espacio público a la ciudad. Este límite urbano se pliega con el fin de proteger la visión perspectiva de la calle mediante el contenedor lateral que cierra la medianera e incorpora las instalaciones y comunicaciones de evacuación.

Simultáneamente, la edificación pretende resolver de manera eficaz la estructura de los depósitos documentales, además de garantizar una ventilación forzada a través del cuerpo lateral.

En el cuerpo superior se reinterpreta la mayor ligereza de la fachada de ladrillo, generando un volumen metálico acanalado de color cobrizo mediante huecos verticales que permita relacionarse con la catedral y su entorno además de mantener un diálogo con el edificio sobre el que se inserta. Esta materialidad a su vez permite no desentonar con el entorno al adquirir una rápida pátina temporal.Consecuentemente, la nueva ampliación trata de ser amable con el casco histórico. Dotando también a la Plaza del Pozo Seco de un nuevo fondo escenográfico que completa el espacio urbano circundante y de relación mediante la inserción de un nuevo mirador privilegiado de la ciudad.

Se huye de una imagen emblemática de la que ya disfruta el propio palacio, a la vez que la operación traslada el carácter de seguridad y fiabilidad al tratarse de una institución que conserva y custodia la memoria histórica de su territorio. Sin embargo, esta nueva ampliación genera un edificio sugerente y fácilmente reconocible, la organización de los huecos de la fachada permite una relación visual fluida entre el interior y el exterior del edificio con la voluntad de ofrecer una imagen contemporánea de continuidad entre ambos edificios y a la vez no restar protagonismo a la puerta de Coronerías en la Calle de Fernán González.

Se desarrolla, en definitiva, un proyecto sencillo y pragmático a la vez que poético, capaz de dar respuesta a dos mundos. Dos mundos que custodian y difunden la memoria de la ciudad.