Valores vivos

La atención a la arquitectura vernácula nos hace descubrir la naturaleza de los procedimientos constructivos y, como consecuencia, la forma de vida de tiempos pasados. Esta noción de lo que ya ha hecho historia y, que por ello es de especial relevancia en la medida en la que ha contribuido a construir un determinado poso cultural, es el argumento sobre el que se desarrolla la propuesta que aquí presentamos para el edificio de la futura Casa de la Música.

De lo vernáculo tomamos tan sólo el material vivo. Para nosotros es el que conforma la memoria del lugar, es decir, todos aquellos aspectos formales, espaciales y/o atmosféricos de una determinada arquitectura que una comunidad identifica como parte de su esencia, en este caso, la mediterránea.

Tomamos dos cualidades, que a nuestro juicio, resultan esenciales. Por un lado la honestidad en su construcción y, por tanto, en su aspecto formal final. Nos interesa por la sencillez y la económica de medios que hay detrás de ella. Aquí nada es caprichoso y por tanto todo es importante. Se expresa un funcionalismo extremo, eso sí, que emana una belleza sublime, la de la honestidad. Sus volúmenes blancos y puros con mínimas perforaciones nos dejan reconocer algo más que sus cualidades compositivas; también las esenciales, la inteligencia que hay detrás.

Por otro lado, también tomamos la cualidad de la agrupación, esto es, la idea de edificio como la suma de partes diferenciadas, cualidad que expresa el tipo tradicional de la casa payesa. Los volúmenes de diferente altura y tamaño nos comunican cualidades espaciales del interior. Las espigadas chimeneas nos dan más información. Nos indican dónde está el “centro” del hogar.

Ambos aspectos, la honestidad y la agrupación –el primero entendido como una posición ética, y el segundo como un resultado funcional que le imprime al edificio una cualidad plástica característica de la arquitectura mediterránea– son reinterpretados y trasladados a lo que será una edificio para un uso público.

El que proponemos, en su relación con el contexto urbano, se descompone en tres volúmenes principales. El de mayor altura conforma el frente que se abre hacia la intersección de las calles Josep Zornoza Bernabeu y del Obispo Abad i Lasierra. Consideramos este punto como la transición natural entre el parque próximo que ocupa parte de la manzana situada más al sur y el lugar que ocupará la futura Casa de la Música. Ambos lugares, de uso público, conforman un sistema funcional de la ciudad que, con nuestra propuesta, se ve reforzado, entre otros aspectos, por la localización de la entrada por esta segunda calle, y por la configuración quebrada e irregular de la fachada que da hacia ella. Es una voluntad en este proyecto ampliar el espacio público circundante como sistema para la conexión de los nuevos programas funcionales con el entorno próximo.

Organización espacio-funcional

La estructura funcional que se propone se plantea considerando el principio básico de flujo de personas por uso. De este modo, en la planta baja de ubica el auditorio así como el área de oficinas y servicios generales y el de ocio, en directa relación con la calle Obispo Abad i Lasierra. El espacio entre estos usos se configura como una extensión natural –por estar a la misma cota que el punto de la calle por donde se accede– del espacio público de la calle. Los amplios huecos abiertos en este nivel, entre el interior y el exterior, vienen comunicar esta voluntad y a posibilitar esta decisión central en el conjunto de las tomadas en el proyecto. El área del bar-cafetería y la sala polivalente se acerca a la calle. Su uso puede estar segregado de del resto del edificio, funcionando, por ejemplo, en
momentos en los que este permanece inactivo. Este programa lo consideramos pues como el uso conector entre el dentro y el fuera.

En la planta primera, se localiza todo el programa académico. Las salas requeridas se agrupan en “paquetes” para facilitar por un lado la organización docente y por otro para facilitar, también, la orientación en los desplazamientos interiores. Los espacios de circulación son también áreas estanciales, lugares para la espera. Por ello recurrimos a unas disposiciones quebradas de los muros que los delimitan, trasladando al interior, la misma operación que hacemos en la fachada.

Como punto singular, cabe destacar el espacio de la fonoteca/biblioteca, que se dispone en la fachada norte y queda conectada visualmente con el Paseo Abel Matutes Juan.