Todo está ahí: el centro cívico, el parque, el centro de día para personas mayores, el huerto y finalmente, la gente, los vecinos de Roldán. Con este proyecto lo único que se persigue es establecer un juego de intercambios entre esos elementos a través de una intervención mínima.

Por un lado, se plantea el intercambio a nivel arquitectónico, donde el Centro Cívico se abre al parque que se extiende ante él; y donde el espacio intermedio entre el centro cívico y el centro de día para personas mayores se siembra con un huerto urbano para el disfrute de los usuarios de ambos edificios.

Por otro lado, el intercambio entre personas, a través del nuevo uso propuesto para el centro, que parte de la idea de que todo el mundo tiene algo que enseñar, de que cualquier persona puede ser profesor de algo. Un hombre de campo podrá transmitir multitud de enseñanzas relacionadas con la agricultura a todos esos jóvenes interesados en un tema tan vigente como son los huertos urbanos, la comida ecologica, etc.

Otra persona podría dar cursos de reposteria y cocina tradicional, de confeccion y costura, de flamenco, cata de vino, yoga, relajación, gimnasia, baile, fotografía, etc, etc. Y el Centro Cívico es el lugar perfecto para que todos ellos puedan impartir esas valiosas enseñanzas, el espacio donde todo el mundo, ya sea un anciano jubilado o un joven en paro pueda sentirse útil para la sociedad.