La escoleta en Llubí

El proyecto de la nueva escoleta municipal en Llubí se implanta en el carrer Roca Llisa como una Rayuela entre cuyas líneas se ubican diversos lugares (interiores, abiertos y semiabiertos) que quedan entrelazados por la presencia de niños y niñas. Este tapiz, formado por seis muros entre los que se intercalan aulas, patios y porches, ofrece múltiples situaciones en función de la edad de los niños y su movilidad.

Lugares dentro-y-fuera

La escoleta es la primera vivencia diaria de un niño en un edificio público, en él empieza a experimentar las relaciones en común y a vivir un lugar ajeno al ámbito doméstico. Es también la oportunidad de comenzar a percibir una cultura material y espacial que influirá en su percepción del mundo.

Los patios y porches que salpican la planta propuesta recurren al repertorio de lugares intermedios emanados de la tradición meridional para ofrecer a los niños multitud de situaciones en las que, como en aquel gráfico de Alison y Peter Smithson, transitar desde el afuera (el espacio de la ciudad acompañados de los padres), pasando por el adentro (junto al personal de la escoleta en aulas y espacios comunes), hasta el dentro-y-fuera (patios, porches y el jardín abierto donde jugar al aire libre rodeados por los árboles que pueblan el interior de la manzana).

Lugares esto-y-lo-otro

El proyecto propuesto ofrece un sistema más que una propuesta cerrada, entre sus muros cabrían diversas combinaciones que permitirían ajustar los usos según las necesidades. El espacio dispuesto define una matriz cuya unidad básica (4.5×4.5 mts.) permite albergar patios, porches, despachos y vestíbulos, a la vez que su combinación (9×4.5 mts.) acoge las aulas y espacios multiusos, o la mitad de ella (2.5×4.5) permite resolver la dotación de aparcamiento necesaria.

En el centro del proyecto, una vez pasado el vestíbulo donde los padres dejan a sus hijos, comienza el lugar de los niños. Un espacio central que convierte las circulaciones en un lugar de encuentro, permite el acceso a las aulas, al comedor, al porche y al jardín al tiempo que funciona como estancia multiusos: un jardín de invierno en el que jugar o celebrar actividades conjuntas, en torno al cual orbita toda la escoleta.

Lugares todo-en-su-sitio

La primera crujía es reservada para el personal del centro, dos patios permiten la iluminación y ventilación de cocina y de las oficinas, que se sitúan en el punto de control de acceso ubicado en la segunda crujía. Este espacio de llegada se reserva al lugar de los padres: acceso bajo un porche en el que poder esperar a cubierto, vestíbulo donde dejar los carritos y patio desde el que atisbar el comedor y el jardín de juegos al fondo.

A partir de aquí las tres crujías siguientes son ocupadas por los niños en torno al espacio central: las aulas de 0 a 1 año y de 1 a 2 años abiertas a sendos patios más controlados y las dos de 2 a 3 años abiertas al jardín. Los muros que trazan las cinco crujías son también lugares de almacenaje tan necesarios en estos centros, que sirven de apoyo a cada estancia, albergando en ellos sillas, colchonetas, juguetes, material didáctico y todo lo que se precise para garantizar versatilidad y comodidad al centro.

Lugares todos-los-sentidos

La materialidad del proyecto, colores, texturas y escala, atiende a una aspiración doble. Por un lado, la escoleta quiere ser paisaje, su planta, acaso una evocación del dibujo de líneas paralelas que trazan en el territorio los cultivos cercanos, pretende materializarse con la paleta de texturas y tonos que retratan Llubí.

Los muros, construidos con sillares de marés cuando salen al exterior, adoptan la materialidad de muebles de marcos de pino y tableros blancos en el interior, dotando de una escala más pequeña, amable y cercana a los espacios. Cuando los lugares definidos por los muros maestros precisan de mayor privacidad o control lumínico, sus hastiales se ciegan con fábrica de ladrillo, cuyo aparejo conforma una celosía al limitar los patios, permitiendo velar miradas y que el aire pase entre ellos.

La planta de una sola altura queda cubierta por una serie de bóvedas de cobertura cerámica e igual sección que cualifican el ámbito de los niños, ofreciendo doble iluminación y ventilación y una percepción singular, tanto para los niños en el interior como para los vecinos que observan desde las edificaciones cercanas más elevadas. Suelos diversos, blandos, tersos, naturales y artificiales, acaban de tejer esta Rayuela que aspira a ofrecer una experiencia sensorial a niñas y niños, donde los materiales del lugar, entrelazados por la diversidad de espacios y el molde de las bóvedas conviertan la escoleta en un lugar sugestivo para todos los sentidos.