• Escuela de arquitectura y parque St. Jordi de Reus

  • 0893-AAL-REU.ES-2013
  • by Andreu Arévalo

¿Y si fuese posible que el desarrollo universitario colaborase simbióticamente con el devenir de la ciudad? ¿Y si se consiguiera que el mundo universitario y el urbano se combinasen, desarrollando proyectos conjuntamente y explotando exponencialmente las oportunidades de ambos al relacionarse?

Se trata de una reflexión a múltiples escalas de un mismo problema, o una misma oportunidad. Acostumbrados a estudiar en universidades encerradas en recintos aislados a las afueras, se plantea invertir la situación y hacerlas partícipes directas de la ciudad, del mundo real, trazando soluciones comunes a dos problemas ‘a priori’ diferentes.

Ciudad campus

La ciudad tratada es Reus, pieza clave en el área metropolitana del Camp de Tarragona. Ciudad interior pero zona costera, catalana y con un potencial urbanístico y cultural notable. El nuevo planeamiento urbano se basa en encontrar oportunidades de diálogo entre el mundo estudiantil y la ciudad, con las cuales se pueda esbozar un nuevo sistema de campus urbano descentralizado, que resuelva problemas del ciudadano de a pie, ayude a mejorar el desarrollo metropolitano, y a su vez funcione como espacio universitario.

Incidiendo con bisturí, se traza un plano de campus, con diferentes espacios y escuelas, que reaprovechan recursos urbanos y, o bien se convierten en parásitos de un edificio/zona para reactivarla (tanto funcional como económicamente), o cosen partes problemáticas sin una solución clara aparente. Con esto se consigue amarrar una serie de recorridos que generan alternativas de uso para el ciudadano y se redescubre la ciudad desde dentro, en constante reinterpretación.

Campus parque

El desarrollo fuerte del proyecto, en el que se concentran la mayor parte de los esfuerzos, consiste en escoger uno de los momentos del campus descentralizado descrito líneas arriba, y estudiar en él la misma intención cada vez a escalas más reducidas. En este caso, se desarrolla la mejora del Parque St. Jordi y la Plaza Llibertat, ésta última consolidada como la puerta al centro de la ciudad de Reus. El parque, a su vez, sufre un problema de introversión importante. La ciudad ha crecido, y éste, pese a su potencial, se refugia en sí mismo, trabando la permeabilidad necesaria que debe existir entre un parque realmente urbano y la propia ciudad. Ya bien por lo tangentes que resultan sus límites, como por la falta de diálogo entre el orden interno y el externo, acaba convirtiéndose en un jardín romántico, perdiendo así la oportunidad de explotar su verdadero potencial como pieza clave de Reus.

Así pues, es premisa fundamental el hecho de abrir el parque a la ciudad, generar una conexión directa de éste con la Plaza Llibertat, fomentar la transversalidad tanto longitudinal como transversal y recuperar espacios residuales que conectados pueden incrementar en un 313% la magnitud del parque actual, entendiendo que todo el vacío urbano forma parte de un mismo ser.

El orden interno del nuevo parque responde a dos necesidades explícitas. La primera es hacerlo permeable, conectado con la ciudad, convirtiéndose en una prolongación de la propia calle. Es por eso que se trazan cuatro sectores correlativos, cada uno de los cuales sigue una directriz en la que se prioriza la relación de cada zona con su entorno más directo. Cada una de las directrices tiene una intención propia, pero unidas forman un sistema en bucle que permite no sólo atravesar el parque sino pasearlo y disfrutarlo infinitamente, yendo y volviendo por lugares distintos. Se busca ampliar al máximo la sensación espacial del recorrido, finalizándose éste cuando uno quiera, no cuando el parque “se acabe”.

Una vez trazadas las directrices, se piensa una red de espacios potenciales que se suceden entre sí, cada uno de ellos diseñado minuciosamente según sus preexistencias y su propia potencialidad, en base a un uso o una combinación de usos determinada. No se cree en un parque con espacios de paso por un lado y zonas ornamentales por el otro, más bien en una correlación de espacios conjugables, los cuales en su interacción generan múltiples oportunidades. El parque se va transformando, se va adaptando a las diferentes necesidades del usuario en función del día, gracias a la gran capacidad combinable y simbiótica de los espacios entre sí.

Parque escuela

La posición del edificio responde a una reflexión urbana importantísima. Al colocarlo en una zona más céntrica, se comprimen las tensiones entre este nuevo centro y la Plaza Llibertat, haciendo que estos dos espacios dialoguen y dependan el uno del otro. La primera gran decisión es la de tratar al parque como algo realmente urbano, y todo centro urbano se consolida en una plaza. Por eso, el edificio tiene como primer objetivo el de generar esa nueva plaza como la puerta principal del parque, íntimamente conectada con la Plaza Llibertat.

La organización del edificio se podría considerar como una estratificación de capas, en función de las plantas, los usuarios y los usos, los cuales se van combinando simultáneamente para generar un intercambio mucho más rico y complejo. La planta baja tiene la intención de reorganizar los movimientos internos del parque así como el de sus espacios adyacentes. Está dividida en cuatro módulos independientes, cada uno con su propio organismo de control, posicionados en el lugar óptimo en relación a la ciudad y a su uso. En primer lugar, la biblioteca, que funciona de referente ciudadano al hacer fachada tanto al paseo que viene de la Plaza Llibertat como a la plaza reconvertida del otro lado de la calle. En segundo lugar, el bar, justo en el centro del parque, como aglomerante de todos los recorridos internos.

El tercero, la entrada a la propia escuela y el taller, un gran espacio capaz de funcionar tanto fragmentado como cohesionado, y de mutar su utilidad en función del día y del usuario. Y en cuarto lugar, una pequeña cooperativa/librería que ejerce el papel fundamental de rótula. Todos estos módulos están pensados tanto como parte integrante de la escuela como equipamientos urbanos independientes. De esta forma, se consigue tener un mismo espacio utilizado por dos usuarios diferentes en función de la hora del día y del día del año, optimizando así los recursos del propio edificio, que acaba siendo uno y varios a la vez. Las dos plantas superiores condensan todos los espacios destinados a la propia docencia. En la planta primera, se suceden tres clases de espacios. El negativo de la doble altura del taller de la planta baja junto con la zona de profesores, la parte de biblioteca universitaria, y las aulas.

Éstas últimas están organizadas por cursos, de forma intercalada. Así se consiguen espacios con muchas más posibilidades de interacción. El aprendizaje no se puede limitar, y las asignaturas no se piensan desde el punto de vista teórico o práctico, sino des del de la experiencia del trabajo continuado del alumno, que va a la escuela constantemente a trabajar. Las aulas de la planta segunda forman parte de las de la primera gracias a dobles alturas practicables, que las conectan entre sí, generando un recorrido entre aulas continuo, alternativo a los espacios comunes exteriores, que favorece la transversalidad entre cursos. Hasta que el alumno no llega al fin de sus estudios no tiene una conciencia global del edificio, ya que va cambiando de lugar, de parámetros, a medida que madura arquitectónicamente, y de su propia convivencia con el edificio extrae una vivencia personal que lo forma para siempre. Constantemente queda algo por descubrir.

El resto de la planta segunda la forman el altillo de la biblioteca y la zona más administrativa de la escuela. Los espacios de paso de estas dos plantas se resuelven mediante pasarelas exteriores cubiertas, permitiendo un constante diálogo con el exterior, hecho que no hace más que incrementar las posibilidades de dichos ambientes, entendiéndolos como extensiones de los propios espacios interiores. La voluntad volumétrica del conjunto es la de establecerse como un edificio compacto pero vaporoso, que sea atravesado por el aire y la luz en ciertos puntos, hecho que lo hace contundente y amable a la vez.

Escuela detalle

La modulación de 2,40m de todos los elementos sigue una razón de carácter antropológico, trabajando siempre con medidas humanas como el 1,20m o 0,60m. Se busca que la estructura y las instalaciones formen parte de los espacios, sin esconderlas de ningún modo, hecho que facilita su comprensión tectónica, sirviendo de ejemplo del propio alumno en muchos momentos. En cuanto a materialidad, se conjugan dos elementos básicos. Por un lado la rotundidad y crudeza del hormigón y por otro, la calidez y amabilidad de la madera. Es imprescindible entenderlos como elementos ‘vivos’, que se ensucian, que dialogan con el paso del tiempo, que se manchan, que no pasan inmutables a la humedad y al sol. De esta manera, evolucionan arraigándose a un entorno tan vivo como éste.

Todo es de una determinada manera por una determinada razón; que el edificio se explique por sí solo, que se pueda ir descubriendo a base que lo vives, que todo tenga un orden conjunto, con múltiples soluciones a cada encuentro. Gracias a este diálogo constante entre ambos, el que se beneficia es el conjunto en sí.

La transversalidad que se consigue en la idea, desde la primera preocupación urbana hasta la última decisión del detalle material, permite que todo el proyecto gire entorno a una misma preocupación, adaptándola y pervirtiéndola según la escala. Un juego de equilibrios, de simbiosis entre dos elementos. Ciudad / universidad, parque / campus, público / privado, ciudadano / alumno, interior / exterior, madera / hormigón, aire / luz.

credits

architect: Andreu Arévalo  |  client: ETSA Reus  |  status: Academic Project (2013)  |  location: Reus, Spain (41.160621,1.1078294)  |  climate: Mediterranean, Temperate  |  materials: concrete, wood  |  environments: Urban, Park  |  visualizer: Studio  |  scale: medium  |  types: education, university  |  views: 2.216