El barrio de Torrero. uno de los mas tradicionales de la ciudad de Zaragoza. se enclava en uno de los puntos mas altos de la misma: el monte que da nombre al barrio. Limítrofe con el Canal Imperial y su parque lineal, con el parque Primo de Rivera y con los pinares de Venecia, las Ires rnayores zonas verdes de la ciudad, excluyendo al río Ebro, llama la atención la desconexión con el entorno que se percibe en toda la zona De carácter obrero, el barrio creció rápidamente gracias al éxodo rural, provocando que se fueran concatenando construcciones y calles. De esta forma, en su concepción y desarrollo primaron la densidad de viviendas y la rapidez de su ejecución, en lugar de el correcto planteamiento de una trama urbana debidamente tejida Como consecuencia, los espacios libres y de convivencia son una de las mayores carencias del barrio, que adolece de ellos, así como de la vivencia de las zonas verdes que, idóneamente, deberían dar forma, carácter y sentido al conjunto.

La parcela, por su parte. se ubica en un fondo de saco, colmatación del barrio cuando este choca con el Tercer Cinturón de la ciudad. Esta vía, ademas de servir por razones obvias coma transito entre distritos urbanos, también sirve al propósito de sectorizar los pinares de Venecia, quedando una parte dentro, de carácter mas urbano, y otra fuera, de carácter mas natural. Antigua solar del colegio Lestonnac, ahora en estado de ruina, el terreno presenta un desnivel característico hacia el cementerio de Torrero. Sus lindes quedan delimitadas por el Stadium Venecia a sur y este, por la calle Bisecas al norte, y por los propios pinares al oeste.

Tomando todo esto, se pensó en que debía ser el proyecto. Que debía aportar, de que debía beber, en que debía apoyarse, que debería reforzar, que evitar La primera pregunta, pues, surgía ante cómo debía interactuar con el barrio. T al vez debería intentar solventar dos carencias del mismo, en lugar de una. Dado que el programa planteado, una escuela de música, es una dotación inexistente en el barrio actualmente podría tratar de solucionar, ademas, el problema del espacio libre y su relación con el entorno natural, gracias a su carácter publico. Así, el proyecto nace con la intención de mejorar el barrio, sirviéndolo tanto como en su función equipamiento como de espacio publico atractivo, sugerente e interrelacionado con los pinares.

La siguiente pregunta fue cómo hacer esto. La parcela, de características muy definitorias, casi pedía aislarse de la dureza del entorno inmediato y abrirse al espacio verde. Hacer un lugar introvertido para la extroversión. La topografía ayudaba a este hecho, pues permitió esconder el edificio, acogerlo en su seno, abrigarlo. Para contener el terreno, se ideó un sistema de muros de gran envergadura, que a la vez fueran parte del la propia tierra que están conteniendo: hormigón cicl6peo. Estos paramentos serán los que permitan que el programa se desarrolle a una única cota, a altura de la calle Bisecas en su esquina con la calle del padre Venancio de Huarte (es decir, un metro). Esta cola se relaciona con los pinares en una franja concreta del lindero, quedando en el resto como un pequeño podio que limite el acceso.

El siguiente interrogante se presentó a la hora de cómo habitar este espacio. El muro daba la capacidad de habitar, es cierto, pero realmente seria la cubierta la que daría la oportunidad de hacerlo. Pero esta cubierta, debía ser de un carácter completamente diferente al muro? W debía, por el contrario, unirse a 81 y formar una única estructura, casi a modo de costillas? Parecía evidente que la primera opción era la adecuada. Una cubierta como un ente independiente, una entidad que en si misma no funcione, que necesite del muro tanto como el muro necesita de ella para dar sustancia material al edificio. Una cubierta que mantenga la cota en las zonas mas contenidas del programa y que, en la zona de mayor protagonismo e importancia del compleJo, el auditorio, se levante, otorgándole la altura que merece.

Finalmente, el ultimo interrogante versaba sobre el ultimo elemento que permite habitar un espacio: los cerramientos No obstante, tres piezas compitiendo por el protagonismo entre si generarían discordia. la cubierta y el muro eran lo que debía dar sentido y cobrar importancia, nada mas, ni nada menos. Por ello, el cerramiento habría de ser absolutamente funcional y, sin embargo, pasar desapercibido. La solución idónea se tornaría en un muro cortina que hiciera a la vez de estructura del proyecto, diluyendo carpintería con soporte y, gracias en parte a los vuelos, creando la sensación de que la cubierta es un gran piano ingrávido Las piezas de programa mas sensibles, es decir, el auditorio y el museo, junto con el aula polivalente, se encierran en ca1as, de una materialidad diferente. madera. con el tin tanto de estar aisladas del exterior como que el exterior este aislado de ellas.

credits

architects: Marta Molins Laín, Jorge Abad Martínez  |  client: ETSA Zaragoza  |  status: Academic Project (2018)  |  location: Zaragoza, Spain (41.626460, -0.892453)  |  climate: Continental, Temperate  |  material: concrete  |  environment: Urban  |  visualizer: Studio  |  scale: 3.825 m2 medium  |  types: education, school  |  views: 947