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El material desplazado

Erupciones volcánicas como la acontecida entre 1730 y 1736 en Lanzarote constituyen una muestra evidente de la conjunción de dos ritmos de transformación del paisaje volcánico; el ritmo de la tierra y el ritmo de la vida humana. En definitiva y de forma dramática, podemos hablar que se trata de la concurrencia y la superposición de procesos de cambio pertenecientes a escalas distintas: la escala geológica y la escala urbana.

El impacto producido por la confluencia de estos dos ritmos durante los seis años que duró esta erupción hizo consciente al habitante de esta isla de su innegable pertenencia a un territorio en transformación constante y éste ha asumido de forma natural dichos acontecimientos como signos inequívocos de su identidad.

La mirada que proyecta el agricultor, siempre atenta a las condiciones de la tierra que trabaja, le permitió encontrar en la ceniza, en lugar de el símbolo de la desolación, un singular y eficaz aliado . La capacidad que encontró en el “picón” de conservar la humedad y de dificultar el crecimiento de las “malas hierbas” convirtió a este agricultor en un gran agente de transformación  del paisaje; en un primer lugar horadando la ceniza varios metros en profundidad en forma de hoyos para encontrar el terreno fértil arcilloso o “barro” y posteriormente, llevando finas capas de picón a otros lugares donde no existía dicho material, tan exitosamente incorporado a los sistemas de cultivo en forma de “arenados”.

Esta última forma de cultivo ha convertido al ser humano en un poderoso agente de desplazamiento de material, tan poderoso como el viento del cual se protege; mientras éste va desplazando la ceniza volcánica por el parque natural de la Geria, aquél transporta el picón desde los espacios sepultados, convertidos de este modo en yacimientos de lapilli; o mientras los vientos alisios desplazan las arenas organógenas que discurren por la lengua de “El Jable” desde las playas de Famara hacia el sur, el agricultor convierte en canteras los depósitos de arenas o traslada los barros, utilizándolo para el sustrato del cultivo. En el caso de la zona de estudio, según comenta Pepe -el agricultor de las parcelas agrícolas del sector D- se trata de un desplazamiento “productivo” de las arenas y los barros, una forma de construir el paisaje tan poderosa como la erupción de un volcán.

El sustrato geológico

La acumulación de material en el proceso de formación del paisaje
La propuesta toma como punto de partida esta idea de acumulación y superposición de estratos en la construcción del paisaje. Nuestra sección es una sección a la vez geológica y “rurbana”, nuestra planta es una planta donde se depositan los distintos materiales urbanos, con distinta densidad y se estructura a través de los espacios libres y los aljibes y las estructuras de riego.

Tomamos como referencia un corte geológico y un sondeo realizado por la empresa ALLIRROZ S.L. en un solar contiguo a nuestro sector. Realizamos una extrapolación a partir de este documento de lo que significaría el estudio geotécnico que necesitaríamos realizar en el ámbito del proyecto. Encontrar esta información es importante para el desarrollo de la propuesta pues proyectamos una mirada siempre en sección del territorio. No en vano, las conocidas “casas hondas” encontradas en los yacimientos arqueológicos, suponen una clara evidencia de que esta relación entre vivienda y sustrato geológico pertenece a la propia historia de Lanzarote. En nuestro caso, hablaremos de un “basamento horadado” y una arquitectura construida que es capaz de reconocer los estratos en los que se inserta, un proyecto que desplaza material de excavación para construir los rellenos que necesita, que realiza oquedades entre estratos y los utiliza para construir la nueva infraestructura, los nuevos vacíos fértiles, los patios, etc.

Infraestructura agro-urbana: la “acequia volcánica”
Encontramos en las proximidades de la zona de estudio y en especial en el núcleo urbano de San Bartolomé diversos elementos que estructuran en territorio, construcciones en forma de “muretes” corta-vientos, barreras de arena, surcos de forma perpendicular a dichos vientos, aljibes de almacenamiento del agua de lluvia para el riego, aljibes para las viviendas, etc.

Consideramos estos restos como elementos con valor patrimonial para la construcción de la zona edificada. Alejándonos de una concepción estática del concepto de patrimonio, decidimos integrar dicha “infraestructura” a un nuevo sistema que facilite la interconexión de aljibes. Esta idea de infraestructura de cultivo es interpretada como oportunidad para crear un nuevo elemento que hemos denominado “acequia volcánica”, capaz de servir de infraestructura de conexión entre aljibes públicos, permitiendo que el agua sobrante de unas zonas pueda ser utilizando en otras, incluso en los aljibes comunitarios. Esta nueva red de “riego” constituye un híbrido entre los encauzamientos que antiguamente conducían las aguas de escorrentía hasta las tierras de cultivo y los muretes de cultivo de vid de menos de 1 m. de altura construidos con piedra volcánica.

Parcelación agrícola y densificación de los límites

Encontramos en la evolución urbana de las manzanas de San Bartolomé una clara referencia orgánica a la transformación del paisaje desde sus trazas iniciales, desde sus primeras huellas.  La densificación de los bordes es una estrategia que puede encontrarse tanto en el acondicionamiento de los terrenos, (consistente básicamente en retirar parte de la arena que cubrió los mismos hacia el perímetro de las parcelas donde era acumulada formando testes), como en el crecimiento de las casas por contigüidad entre límites edificados y la parcelación agrícola.

En este proyecto de ciudad consideramos las trazas agrícolas como testigos patrimoniales, capaces de ser transformadas, utilizadas, entrando a formar parte de la multiplicidad de los límites superpuestos. En este sentido, les conferimos un valor de identidad, equiparándolo a las proyecciones colectivas, legales y administrativas del planeamiento; líneas todavía no trazadas sobre la tierra pero de fuerte importancia. Desde esta mirada, los límites de las parcelas del Plan Parcial del Sector 2, son considerados como líneas imaginarias, como “vestigios de lo posible”.

Las nuevas trazas son resultado de la incorporación de dichas líneas superpuestas en una sola trama, sensible y vulnerable a los elementos que encuentra en el camino. Lejos de considerarlos limitaciones, son entendidos como acontecimientos venideros, transformándose de nuevo en otro aliado, al igual que la ceniza volcánica, que nos aproximan a la escala evolutiva de San Bartolomé.

La propuesta propone la conservación de dos ideas que entendemos fundamentales para preservar la identidad del lugar: la densificación de los bordes (evitando retranqueos sistemáticos por parte de las ordenanzas) y la conservación de los espacios libres privados en el interior de la manzana. Los retranqueos, patios a fachada, parcelas no edificadas, se suceden de forma discontinua, las fachadas continuas, de una o dos plantas, se alinean a vial y se interrumpen generalmente antes de los 50 metros. En multitud de ocasiones, esta interrupción se corresponde con desplazamientos de la edificación al interior de manzana. Por este motivo, pensamos que en el desarrollo del planeamiento parcial, la diversidad de tipologías que se establece en las normas subsidiarias podría implantarse de forma híbrida, pero evitando los retranqueos obligatorios entre medianeras y utilizando la idea de longitud máxima de agrupación de viviendas alineadas al vial principal. Respecto a la distribución del viario rodado, se apoya la idea de circulación en calles de un solo sentido, que puedan absorber el aparcamiento y liberando otras calles peatonales, algunas de ellas creadas en el interior de la manzana, entre huertos y apoyadas por equipamientos, esta idea la hemos denominado:

Equipamientos entre huertos
Para evitar la excesiva fragmentación de la manzana por viales rodados, eliminando la identidad de la manzana de San Bartolomé, se propone la creación de nuevos equipamientos que sirvan para reducir el tamaño de las manzanas que sean excesivamente grandes para los nuevos crecimientos debido a la gran dimensión de las parcelas agrícolas preexistentes. De esta forma se incorporan caminos peatonales y equipamientos lineales con acceso rodado sólo en un punto de la manzana, evitando la necesidad de fragmentar excesivamente la ciudad, invadida erróneamente por el vehículo privado.

Densidad urbana
Así como el medio agrícola de San Bartolomé se construye por superposición y acumulación de estratos, la parcelación y la rentabilidad del suelo, los vientos dominantes, las pendientes y los caminos; el medio urbano se construye por contigüidad con las trazas y las infraestructuras agrícolas. Como puede apreciarse en los esquemas de la evolución de una manzana de San Bartolomé, desde 1960 a 2009, la densidad de las viviendas se desplaza a los bordes, reservando los huertos en el interior.

Las viviendas como fragmento de territorio
Las formas de la parcelación determinan claramente la evolución de la edificación. En un estadio ulterior de densificación, se cierra la manzana y, por necesidad de mayor accesibilidad rodada, puede ser subdividida en manzanas más pequeñas, lo que provoca una densificación de los nuevos bordes ligados a la calle interior. Encontrar el tamaño adecuado de la manzana es una de las tareas necesarias para el proyecto del nuevo crecimiento. Esta idea de tamaño de manzana es considerada por encima incluso de las trazas viarias que pueden resultar agresivas, considerando la idea de manzanas “ideales” de mayor tamaño que el viario.

Casas dentro de casas
La estrategia utilizada para habitar la manzana responde a la lógica de la edificación tradicional transformada a través de un proceso de ocupación de varias viviendas. De esta forma, utilizamos una vivienda existente en la zona de estudio como casa modelo capaz de agrupar cinco viviendas sociales. Esta casa modelo es convertida en equipamiento ligado al arte y la cultura de interpretación de la vivienda tradicional de San Bartolomé