La Isleta es un antiguo barrio humilde de tradición pesquera, situado en el limite geográfico entre ciudad, territorio y paisaje.

Un limite contemporáneo marcado por el espacio natural del Confital y la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, que vive al día y se ve obligado a aceptar un ámbito de acción ilimitado.

Nos sumergimos en el, vivimos en el, debemos sobrevivir igualmente a el.

Un limite, que aun siendo ilimitado, no es continuo; son pedazos, fragmentos, retazos que tienen su continuidad sin ser contiguos.

Y es en esos limites, puntos esenciales del sentimiento y la vida del barrio, donde adquieren un carácter fundamental elementos que expresan el devenir del paso del tiempo y hablan asimismo de su pasado y la melancolía de un espacio abierto al mar.

Donde “rehabilitar» adquiere valor y establece una determinada relación con ese pasado, con los pasados que convergen en dicho lugar de intervención. Y también con un futuro, un escenario posible descrito en las diversas propuestas de nuestro entorno habitable. Pero indiscutiblemente requiere trabajar con los elementos y condicionantes del presente.

Reconociendo una realidad y estableciendo otra con nuevas variables.

“Engendrando una serie de pequeñas modificaciones en un espacio heredado de la modernidad, abandonando una reconstrucción global de un espacio habitado por la humanidad.”  Jean Francois Lyotard, La Condición Postmoderna

Por todo ello, además de trabajar el entorno, exige prestar atención a muchos matices para intentar entablar un diálogo con el territorio en su conjunto, con todos sus elementos. Buscando el compromiso entre ciudad e historia, patrimonio y paisaje y el punto entre ambos donde se sitúa un proyecto de arquitectura

Creando un espacio sensible y abierto, un espacio, mas que un edificio, que tenga dentro y fuera, con programas que interactúen unos con otros, agua, roca, luz y espacios, convivan con el usuario, manteniendo todo de manera activa con diferentes nodos de intensidad

No solo para provocar que el usuario vuelva sino que el vecino lo habite, sienta como suyo un espacio creado, compartiendo un lugar en la ciudad.

El proyecto aspira a inscribirse en el espectacular paisaje, para ello trabaja con ciertos elementos preexistentes que asume como materiales constructivos.

Por un lado, la ruina exultante de un antiguo elevador de agua, se eleva del mismo y determina la posición del proyecto. Este lugar es estratégico, en la esquina de la intervención, contemplando con exquisita sobriedad lo que se origina colindante.

Se trata de construir en lo construido minimizando el impacto en el territorio, desmaterializándose hacia el paisaje surgiendo de la casa Roja, la cual abraza y convierte en referencia desde el interior y se alza sublime al exterior.

La abrupta topografía rocosa se encarga de subrayar la posición de este elemento.

El entorno, la roca, el agua, penetran en el edificio a medida que el paisaje se introduce en el gracias a la disposición geométrica de los planos, materiales y ángulos, que junto al efecto succión generado por su curvatura disipa los limites existentes.

Se multiplica así la experiencia del interior que se disuelve en el exterior, a medida que lo recorremos

Y es así como desaparece en el paisaje, siendo en sí, el mismo paisaje…

credits

architect: David del Valls  |  client: Unknown  |  status: Academic Project (2014)  |  location: Las Palmas, Spain (28.160285,-15.4371323)  |  climate: Hot, Semiarid  |  material: undefined  |  environment: Seaside  |  visualizer: Studio  |  scale: large  |  types: intervention, landscape  |  views: 1.896