Infraestructura vs Ciudad

Actuando por contraposición, generando un nuevo nexo de unión entre el Puerto y su inicial origen, el barrio de Varadero. Optimizando los accesos y acompasando el filtro hacia el mar. La nueva Lonja del Puerto de Motril intenta recuperar la conexión del barrio pesquero y sus habitantes con la infraestructura portuaria, sin olvidar sin embargo el carácter productivo y logístico del propio puerto y aprovechando así el carácter etnológico vinculado a la Lonja, como espacio de trabajo y nexo entre la tierra y el mar.

Al igual que el pescado se “legitima” tomando contacto con el mercado a partir del proceso de catalogado y venta que se realiza en la Lonja, el edificio busca realizar una adaptación singular del contacto entre el visitante y el puerto. Se busca recuperar la conexión entre la infraestructura y la ciudad, mediante el propio uso tipológico de la Lonja, dejando que el mar entre al edificio, dejando que el espacio público lo penetre, convirtiendo la sala de subasta en una extensión de la calle, dejando que sean las sombras marcadas sobre el edificio las que cuenten los accesos y la forma de acercarse a él.

Así, la Lonja se coloca como elemento articulador entre el Puerto en su expansión logística, facilitando un espacio público casi desprovisto del tráfico pesado y estableciéndose como una puerta de acceso al Puerto de carácter lúdico y ocioso en relación con el barrio de Varadero. Un diafragma urbano para interconectar la industria y la vida pesquera en el Puerto de Motril.

Hábitat industrial

La vocación del puerto como elemento industrial dentro de un contexto habitacional ha supuesto para Varadero de forma histórica hasta hoy un retroceso progresivo en el desarrollo de espacios públicos así como en la expansión territorial del mismo. Se convierte así en un gran cul de sac, delimitado por un puerto en expansión que certificó esta situación con el dragado del Muelle de las Azucenas. El desarrollo de zonas públicas ligadas al puerto o al mar es absolutamente inexistente y la posición del puerto como barrera se hace evidente, degradándose la masa urbana de Varadero conforme el barrio se aleja del eje principal de acceso.

De esta forma la nueva Lonja pesquera se plantea como un frente urbano a partir de un vacío de acceso al puerto. Fundamentalmente peatonal, recogiendo los flujos de ocio urbano que provienen desde la Playa de Poniente y desde Motril, así como alineándose a una serie de elementos dotacionales que componen este eje. Recogiendo este vacío, la Lonja plantea una discontinuidad en su tipología, degradando el uso desde lo público y el acceso para el barrio hasta el carácter de trabajo más ligado al pescador. Todo este recorrido tipológico configura un paseo a lo largo del propio edificio que se deja filtrar por una serie de aperturas que muestran el mar, la flota pesquera y el ambiente de trabajo de la lonja. El edificio se plantea así por tanto como un nuevo borde abierto que optimiza el acceso y genera espacio público.

Relación con el paisaje

La relación formal se establece casi de forma directa, entendiendo el edificio como una metáfora entre la rigidez del sistema portuario y la levedad de una pieza plástica que quiere evadirse y busca el mar, la sierra y la vega. Se eleva este cuerpo para permitir el contacto elevado con el territorio, olvidándose del uso inferior, despreciando en cierto modo las trazas ortogonales que trazan los muros de hormigón y que tienen relación con el sistema viario y su vista al mar. Una envolvente plástica que forma ya parte del paisaje del litoral mediterráneo oriental, una extensión del mar gracias a los invernaderos, que reflejan y absorben la luz, tornando de azules los colores del paisaje adyacente.

En busca de ese contacto con el mar, la Lonja se inclina, cede su protagonismo al visitante para ofrecer la vista abierta al mar. El pescador, casi de forma teatral, es acogido en la Lonja para participar del proceso de subasta, rebajando la cota visual y favoreciendo el proceso de venta. Como una extensión del territorio o de la propia vía, se hunde para prestarnos un asiento al mar y una nueva mirada antes negada. Bajo una cubierta plástica que inunda de luz el espacio, casi se torna obvia la relación natural de la Lonja con el visitante, el comprador, el pescador y el propio barrio de Varadero.

La drástica sombra

Como un espacio entreabierto, una relación no definida entre la arquitectura y el lugar o el paisaje Una infraestructura igual potente como leve, una sombra, un muro donde apoyarse, un lugar donde dejar que el sol seque las redes o esperar que amaine el temporal. Se presenta la nueva Lonja como un edificio que a pesar de la rotundidad y la imponencia de los muros de hormigón que la conforman, sus límites no están bien definidos, dejando que sea el puerto, el usuario, el sistema de trabajo y la comunidad pesquera, quienes se encarguen de hacerlo. Sólo preserva la vista al mar, dejando que sean las sombras las que organicen los espacios, las aperturas y los huecos. Una lámina continua y una luz cambiante.