Patrimonio de la humanidad

Nuestra propuesta reflexiona sobre la capacidad de la arquitectura para interactuar y dar respuesta en el entorno en el que se inserta, un entorno de valor universal y excepcional, cuyo trazado ha seguido intacto desde su creación, manteniendo vivos los intercambios culturales entre Europa y América.

La respuesta urbana

El edificio responde al entorno con una arquitectura limpia y respetuosa, reinterpretándolo mediante la repetición de elementos simples. En primer lugar la volumetría, con la repetición de crujías estructurales a la escala de los edificios adyacentes, especialmente la Ermita de San Miguel. En segundo lugar las fachadas, mediante un sistema de fenestración de ritmo vertical de vidrio madera en los planos verticales, y un sistema de lucernarios salpicados que permitan la entrada limpia de luz de norte por los planos inclinados de la cubierta a dos aguas hasta el corazón del edificio, el mercado.

El nuevo mercado articula a modo de “charnela” la circulación peatonal y rodada entorno a él. Por un lado la fachada a la Plaza del Adelantado, el edificio muestra una imagen sobria con testeros ciegos que se alinean en un crujía más próxima a la Ermita de San Miguel, y se retranquea suavemente en un claro gesto de enlazar ambas plazas, al del Adelantado y la futura Plaza del Mercado, que se construirá como un espacio relevante de la ciudad. En el lado sur, entre el mercado y la ermita, se formaliza un ámbito peatonal que conecta la trasera de la ermita con las zonas de restauración del mercado. La fachada este, recoge las zonas servidoras para los accesos a zonas de carga y descarga y aparcamiento público.

Flexibilidad y funcionalidad

Las premisas principales utilizadas para la resolución del programa propuesto han sido la funcionalidad y la flexibilidad, flexibilidad de los espacios para permitir distintas ocupaciones del edificio, más acordes a  las necesidades de los mercados del siglo XXI. Funcionalidad al ubicar estratégicamente los sistemas de accesos principales y servidores, que permitan controlar y gestionar el edificio con facilidad, a la vez que permita usos del edificio cuando el programa del mercado esté cerrado al público.

El mercado se organiza con circulaciones principales paralelas a la fachada norte, entre las cuales existe un sistema de modulación donde se insertan con flexibilidad los distintos tamaños de puestos.

Existen dos núcleos verticales principales de comunicación, uno que recorre todo el edificio para uso de cualquier usuario, y otro exclusivo para los comerciantes de los puestos que conecta la planta baja con la zona de carga-descarga y demás servicios de personal ubicados en el primer sótano. Entre la circulación del mercado y las plantas superiores existe un espacio distribuidor que haría de cierre en caso de no estar el mercado abierto al público, posibilitando así el uso y disfrute de las restantes plantas del edificio.

Las plantas superiores están proyectadas como espacios adaptables a las necesidades del programa, formalizándose en un sistema de crujías desplazadas horizontal, sobre las que se yuxtaponen un sistema de fisuras verticales sobre las plantas superiores, salpicadas en la cubierta con lucernarios abiertos a norte. Este sistema permite la entrada de luz y aire al interior del edificio, a la vez que genera interesantes relaciones espaciales entre las distintas plantas y espacios.

credits

architect: Jorge Ruiz Boluda  |  collaborator: Agustín Durá Herrero, Paul Dieterlen Escoto, Paula Serrano Yuste  |  status: Competition (2012)  |  competition: Mercado de San Cristóbal de la Laguna  |  clasification: 2 rang  |  technical: Juan Francisco Luis González  |  engineer: Pedro Luis González  |  visualizer: Studio  |  scale: medium  |  types: commercial, market  |  views: 1.943

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