Partimos de considerar que el edificio que alberga un museo no es un contenedor neutro. No lo consideramos como un recipiente ajeno a su contenido; más bien lo contrario. El edificio y el conjunto de nuevos espacios que este creará a su alrededor, serán en sí mismos una parte fundamental del mensaje museográfico del nuevo centro expositivo. Arquitectura y museografía se presentan en esta iniciativa como un conjunto coherente e indisociable; dos disciplinas coordinadas para complementarse mutuamente y multiplicar el efecto de su mensaje.

Se propone que la exposición se presente través de un edificio de formas sosegadas y tranquilas aunque rotundo en su apariencia e implantación sobre el terreno.

La Guerra Civil española y especialmente la batalla en los campos de Teruel se desarrollaron en la España de los años 30, carente de tecnología y mayoritariamente a través de tácticas, estrategias y material de guerra propios de principios del siglo XX y que nos transportan a un paisaje de colinas de tierra desnuda, un paisaje terroso, seco y frio.

En consonancia con esta percepción, y ya que el edificio se alzará en un lugar que podría haber sido escenario de los propios combates, se considera de forma metafórica al museo como una zona excavada en la que hubieran sido hallados y posteriormente musealizados algunos de los restos de los combates. Por ello el volumen principal podría presentarse como un gran prisma de tierra que hubiera sido excavado en bloque sobre un yacimiento arqueológico. El interior de ese prisma, una vez vaciado, y facilitado los recorridos de las personas es, en sí mismo, el Museo.

El nuevo conjunto expositivo se dispone en dos volúmenes diferenciados y complementarios:

El volumen principal, dispuesto longitudinalmente en uno de los laterales de terreno disponible, albergará los usos de museo propiamente dicho: la exposición permanente, la sala de exposiciones temporales, el almacén, el taller de preparación de material para las exposiciones y el centro de estudio, documentación y gestión del propio centro. Las salas expositivas, concebidas como grandes espacios técnicos para alojar la exposición permanente, adoptan la textura pardo-grisácea de los cerros que envuelven la ciudad de Teruel. El acceso a las mismas se llevará a cabo a través de una rampa que, conceptualmente, recuerda los accesos a las trincheras.

El volumen secundario, de menor tamaño y colocado transversalmente, quedará unido al anterior a través del subterráneo y de un puente. En él se albergarán los usos colectivos y comerciales del centro: auditorio, zona comercial, cafetería y restaurante.

Este volumen menor, divide de hecho el terreno disponible en dos áreas diferentes: el área de acceso, próxima a la Avenida de Zaragoza y acceso principal al museo que puede albergar una zona de aparcamiento para visitantes, y la zona interior, jardín musealizado y zona de memorial, uno de los escenarios emotivos más importantes que se propone, formado por un muro de mármol negro pulido con los nombres de todas las víctimas de la Batalla de Teruel sin distinción alguna entre los componentes de ambos frentes.
Esta área exterior ajardinada se entiende como museo al aire libre y una parte fundamental del recorrido del público en su visita al centro.
El volumen principal del museo será de color tierra (de hecho la fachada se construirá con tierra compactada) en referencia al paisaje y a la atmósfera en la que se desarrollaron las batallas de Teruel.

El volumen secundario será blanco; el color de la paz.

El anteproyecto propone definir una primera y fundamental etapa del futuro museo en un conjunto edificado de unos 3.500 m2, pero también plantea que en una segunda fase se podrían rehabilitar los edificios existentes en la zona alta del solar disponible para una posible ampliación del centro expositivo hasta unos 5.000 m2.