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El Centro Internacional de la Cultura Visigoda toma referencias formales y constructivas de ese tipo de arquitectura, pragmática y esforzada, que oscila entre una modernidad de mínimos, elemental en sus volúmenes y su construcción, y una arquitectura vernácula, equilibrada y tranquilamente sostenible, que inspiró momentos tan intensos como los numerosos pueblos de colonización (1951-1969) construidos por el arquitecto Rafael Fernández del Amo, o el lírico pabellón de flores del cementerio de Malmö (1969) del arquitecto sueco Sigurd Lewerentz, a los que esta propuesta hace consciente referencia.

Desde una arquitectura fiel a una modernidad de mínimos, sensible a una inteligente sostenibilidad de lo vernáculo, pensamos que el lugar donde debe ubicarse el futuro Centro Internacional de la Cultura Visigoda, por sus condiciones específicas, reclama una intervención optimista capaz de cualificar el conjunto de espacios y edificios que lo rodean, dotando al conjunto con una pragmática, y equilibrada, condición representativa que se integre en el área, potenciando, a su vez, el territorio de la Vega Baja de Toledo, tanto en si mismo como formando parte del paisaje de la ciudad de Toledo.

De este modo, se propone una construcción de un sólo nivel estructurada a partir de un sistema formado por células de planta cuadrangular, que, con un perímetro quebrado y una volumetría fragmentaria, trata de dinamizar un amplio territorio libre de edificaciones, de forma que, sin tener que recurrir a un icónico volumen unitario, constituya un elemento de referencia, foco de activación del área, estableciendo una adecuada relación con los elementos construidos del entorno.

El conjunto propuesto, formado por un conglomerado de construcciones de pequeña escala que se abren a las diferentes orientaciones, trata de potenciar la comprensión del amplio espacio arqueológico, estableciendo vínculos formales, volumétricos y escalares, con los pabellones del Campus universitario existente en la Fábrica de Armas.

El movimiento de los volúmenes, las cubiertas, y su geometría celular, tratan de resolver la relación visual con el entorno, como concepto ampliado, a partir de la intencionada ambigüedad formal de su pintoresca y desjerarquizada volumetría, y los terrosos colores de sus materiales, para mimetizarse con el entorno tanto desde la Vega Baja como desde el casco histórico de Toledo.

La totalidad de las construcciones propuestas para el Centro Internacional de la Cultura Visigoda se estructuran a partir de un sistema compositivo celular, abierto y flexible, que permite establecer las reglas de juego del conjunto, así como las reglas de juego de las posibles fases de construcción y sus posibles ampliaciones. Un sistema compositivo que se estructura a partir del establecimiento de un conjunto de elementos y un conjunto de leyes de comportamiento patrón local, donde la repetición de elementos iguales se organiza a partir de relaciones entre los elementos con independencia de la forma del perímetro.

Un sistema compuesto por células programáticas de planta cuadrada, que hacen referencia a los módulos cuadrados de las trazas de las plantas de las iglesias visigodas, que se organizan a partir de los cuadrados que integran la planta de cruz griega y otros elementos, también de planta cuadrangular, que amplían y complementan la figura predominante.

Un sistema estructurado a partir de un conjunto de leyes de relación elemento a elemento, que recoge las diferentes orientaciones de los dos ejes de las iglesias visigodas, a partir de un mapa de su ubicación en el reino visigodo en relación con Toledo.

Dentro de este sistema de relaciones entre elementos y orientaciones, la imprecisión en la orientación hacia levante de los ábsides de las iglesias establece un extraño juego en el movimiento de ejes, y por lo tanto de los elementos. Y es precisamente esta ligera imprecisión de los ejes la que cualifica y enriquece la organización cartográfica propuesta para el Centro Internacional de la Cultura Visigoda. Una imprecisión en el trazado de la propuesta que, por otra parte, tiene que ver con las estructuras residenciales del casco histórico de Toledo, donde la repetición de tipologías en torno a patios configura una estructura compleja en la que se reconoce la forma de cada elemento, y sin embargo su repetición se torna azarosa y desjerarquizada.

Una condición azarosa, a partir de repetición de elementos similares, que también está presente en algunos de los restos arqueológicos, y en algunos de los pavimentos, aparecidos en la Vega Baja de Toledo, bajo el silencioso manto de tierra.

A partir del mapa de la ubicación de un conjunto de iglesias visigodas se propone un sistema de relaciones entre elementos y orientaciones. Las plantas de las iglesias de Santa Comba de Bande, San Juan de Baños, San Fructuoso de Montelio, Quintanilla de las Viñas, San Pedro de la Nave, San Miguel de Tarrasa, San Pedro de la Mata, Santa María de Melque, la Basílica de Cabeza de Griego y Santa Lucía del Trampal construyen un mapa de orientaciones que permite desarrollar un sistema abierto y flexible de cuadrados y cruces.

Altura y proporción

Si dentro de este mismo conjunto de iglesias visigodas analizamos las alturas de cada célula podemos generalizar un sistema modular, de acuerdo a los ejes verticales que oscila entre cuatro metros, ocho metros y diez metros. Aplicando esta misma regla de proporción vertical al sistema cartográfico se cualifica el sistema de cuadrados y orientaciones, incidiendo sobre la igualdad de todos los elementos , desde el punto de vista topológico, y la diversidad resultante de la diferente orientación y la diferente proporción de las células, tanto horizontal como vertical.

La huella y la mirada

Se propone una colonización del territorio dela Vega Baja a partir de los elementos propugnados por los artistas del paisaje de finales de los años sesenta (Earthworks 1969): La huella y la mirada. La huella de la vida, la arqueología de las acciones del vivir, presentes en los abundantes restos aparecidos en las excavaciones de la Vega Baja. Y la mirada sobre territorio, que en el caso de Toledo se produce desde el casco histórico, jugando con la ambigüedad de una consciente oscilación entre la arquitectura vernácula y arquitectura moderna.

Células y superficies

El programa se organiza a partir de tres células elementales cuadrangulares de catorce metros, diecisiete metros y veintiún metros de lado, que contienen una superficie de doscientos metros cuadrados, trescientos metros cuadrados y cuatrocientos metros cuadrados, respectivamente. La repetición de estas células, de acuerdo al programa de necesidades, permite resolver las diferentes áreas: Centro de Interpretación de la Vega Baja, el Centro de Investigación del Patrimonio, las áreas expositivas y los almacenes e instalaciones.

Frente a una figura cerrada, rígida y compacta, se propone un sistema abierto y flexible, donde cada célula puede servir como espacio expositivo, informativo, administrativo o de investigación.

Sistema abierto y flexible

El Centro Internacional de la Cultura Visigoda propuesto se basa en una construcción elemental de células de planta cuadrada, de carácter multifuncional, articuladas entre sí de acuerdo a un conjunto de leyes complejas, estructuras de repetición aparentemente azarosas, que constituye un sistema abierto y flexible. Las sucesivas construcciones celulares, capaces de albergar indistintamente programas expositivos, informativos, administrativos, o de investigación, se organizan en torno a un gran espacio abierto y de acogida que permite la entrada, de forma diferenciada, a las tres instituciones que integran el conjunto: el Centro Internacional de la Cultura Visigoda, el Centro de Interpretación de la Vega Baja y el Centro de Investigación del Patrimonio Histórico.

Cada una de las células cuadrangulares de este sistema se construye como una caja de planta cuadrada y cubiertas a dos aguas, situando una limatesa inclinada en la diagonal del cuadrado, construida con muros de carga de hormigón armado blanco que, en el exterior, por medio de áridos de la zona y tintes naturales, tomará el color de las tierras de la Vega Baja.

Los muros de hormigón de todas las células son dobles, permitiendo la ventilación de todas las fachadas. Los suelos están elevados sobre bovedillas de hormigón para evitar las humedades del suelo. Los pavimentos de las células son pavimentos industriales continuos, donde se integra un sistema de calefacción por suelo radiante, preclimatizado con un sistema de captación de calor geotérmico.

Las cubiertas ventiladas, y de inercia invertida, están acabadas en chapa de cobre que, con la humedad de la vega, se mimetizarán con las tierras de las excavaciones arqueológicas. En los faldones sur se ubican paneles fotovoltaicos, integrados en las bandejas de cobre.

Los muros de hormigón, y los pavimentos continuos, se cualifican con delicadas vitrinas que cubren los paños de hormigón, de acuerdo a las necesidades programáticas. Las carpinterías, con vidrios dobles y contraventanas, son también de madera de roble. Toda la madera de roble será procedente, en cualquier caso, de bosques de reforestación nacionales.

En torno al conjunto edificado, aprovechando la quebrada línea del perímetro, se organizan unos parterres ajardinados, con multitud de arbolado autóctono, que sirven para poner distancia de respeto con el yacimiento arqueológico y las edificaciones próximas, creando un micro ambiente climático y cultural propio.

Más por menos

Desde el inicio del proceso para la construcción del Centro Internacional de la Cultura Visigoda hasta el día de hoy la situación económica nacional, e internacional, ha sufrido un drástico cambio. Los posibles recortes del gasto público hacen pensar en que la viabilidad de este proyecto debe basarse en una correcta adecuación de la construcción a la disponibilidad económica.

Si lo que se pretende es amortizar la inversión lo antes posible, desde el punto de vista funcional, la adecuación entre inversión disponible y construcción implica tres consecuencias inmediatas: la necesidad de ser construido por fases, la flexibilidad programática de los espacios y la optimización de costes durante la construcción y mantenimiento.

La necesidad de construir por fases permite optimizar la inversión en relación con el programa y las anualidades de previsión de gasto. Para ello se establece un sistema compositivo celular capaz de construir, a partir de la construcción de la primera fase, un centro internacional completo, aunque de menor tamaño, y por tanto con una inversión menor.

La necesidad de flexibilidad en los espacios es una consecuencia de la construcción por fases, pues lo que se propone como fases, en realidad es un sistema de crecimiento sucesivo. Este sistema de crecimiento sucesivo exige que el programa se cumpla de forma proporcional, de tal modo que cada una de las células debe servir como espacio expositivo, informativo, administrativo o de investigación.

La optimización de costes durante la construcción y mantenimiento del centro supone construir mas por menos. Es decir, supone simplificar la construcción, reducir el consumo energético, optimizar los sistemas y reducir el gasto de mantenimiento, por medio de una construcción sostenible de baja tecnología, ajustada y equilibrada. Así pues, dentro de la presente propuesta para el Centro Internacional de la Cultura Visigoda se ha considerado la necesidad de proponer una primera fase que sea capaz de funcionar desde el primer momento, optimizando no sólo la inversión, sino también los espacios y las construcciones.

Una primera fase que tratando de minimizar la incidencia sobre los restos arqueológicos, se ubica en la huella del antiguo campo de fútbol de la Fábrica de Armas, lo que permitirá excavar la totalidad del solar para, posteriormente, replantear las siguientes fases, si se consideraran necesarias.

Construir menos es sostenible

El principal valor de esta propuesta para el Centro Internacional de la Cultura Visigoda reside en la voluntad de construir mas por menos, reduciendo el programa a lo mínimo posible, quizás hasta lo definido como primera fase, optimizando recursos, espacios y personal. La verdadera adecuación de la construcción a las necesidades reales, y los fondos reales, supondría un gran ahorro en construcción y energía, porque, sin duda, construir menos es siempre sostenible.

El Centro Internacional de la Cultura Visigoda se ha proyectado de acuerdo a criterios basados en una arquitectura sostenible de baja tecnología que aplican a las siguientes acciones: optimización constructiva del edificio, limitación de la demanda energética, utilización de sistemas pasivos, aprovechamiento de energía solar, aprovechamiento de la energía geotérmica, recogida y reutilización del agua de lluvia, utilización de materiales limpios y optimización de los procesos durante la construcción y mantenimiento.

El proyecto asume como objetivo prioritario la limitación de la demanda energética, tanto por el necesario ajuste de las necesidades ambientales y funcionales, así como por la optimización de la construcción. Por otra parte, la flexibilidad del edificio propuesto y su capacidad de sectorización permiten optimizar la demanda energética de acuerdo a las necesidades.

Fachadas y cubiertas ventiladas

Los volúmenes de las diferentes células proyectadas responden a los tradicionales criterios de optimización medioambiental, con un factor de forma óptimo. La totalidad de las fachadas y cubiertas son estructuras de inercia invertida y ventiladas. El conjunto estará equipado con superficies de paneles fotovoltaicos en cubierta que podrían suministrar, parcialmente, energía eléctrica al conjunto.

Energía geotérmica

Durante el invierno, para la calefacción de todos los espacios, se propone una solución elemental de suelo radiante preclimatizado por medio de energía geotérmica. En la estación estival los espacios públicos no estarán climatizados, confiándose la climatización a un sistema de ventilación cruzada diagonal, utilizando los patios arbolados y los ventanales cenitales a este efecto. Sin embargo, en todo momento, se prevé la climatización de las vitrinas mediante sistemas parciales de bomba de calor.

Aprovechamiento del agua de lluvia

El agua de lluvia se recogerá de las cubiertas. Un aljibe acumulará el agua de lluvia, que será tratada para el riego y su utilización en caso de incendio. Parcialmente, el agua de este aljibe se
podrá utilizar como foco frío, en verano, y foco caliente en invierno, para las bombas de calor del sistema de climatización de vitrinas.