Se actúa sobre una plataforma tensa, entre el Palacio Real y la Catedral de la Almudena, que abre magníficas vistas hacia el río y a la Casa de Campo. Y alberga en su interior las trazas del núcleo que originó la ciudad y que el tiempo ha consolidado como mirador estratégico. En él, Palacio y Almudena se interrelacionan estableciendo una poderosa composición, en la que se introduce una pieza de carácter intemporal, acceso al nuevo museo, que deja ver, y es pórtico de sosegada presencia para acogida y mirador.

El gran muro de contención basamental de la composición, se convierte en fachada del edificio, lo cual representa una enorme responsabilidad ya que queda afectada la fisonomía de la panorámica urbana. Nuestra propuesta potencia ese carácter de basamento. Por ello, debe percibirse desde la lejanía con un carácter pétreo, masivo. El lugar seguirá siendo el soporte sobre el que se elevan, dominando la composición por escala y singularidad, el Palacio Real y la Catedral de la Almudena.

La tecnología y medios a nuestro alcance nos permiten fabricar una fachada de sillería en celosía, como en los hórreos gallegos, en la que domina el macizo con alargadas ranuras horizontales: negras sombras que multiplican un sistemático efecto de apoyo por gravedad. Esta celosía, fachada de poniente, matiza y filtra el sol. Se proyecta como una piel exterior de protección, como un plano continuo e independiente de 100 m. de longitud y 20 de altura estabilizado mediante un potente postesado. Detrás se encuentra el cierre de vidrio al que se abren los vestíbulos y áreas públicas.

Se tiene especial cuidado en proteger la masa arbolada del Campo del Moro, que tanta importancia tiene en la monumental composición.

El edificio a proyectar es por propio convencimiento un volumen enterrado, protegido  y casi secreto.

Los restos arqueológicos de la muralla, y otros elementos importantes de la historia de Madrid, queden incorporados al vestíbulo, con un efecto escenográfico, para valorarlas y darles uso como piezas vivas del museo.

La exposición y  protección de los valiosos fondos del museo se realiza en un hermético “cofre” dentro de un inmenso vacío excavado, con claras referencias a las iglesias enterradas de Eritrea, a la instalación “agua pesada” de James Turrell o a las de Michael Heizer.

Las salas se van sucediendo mediante un recorrido lineal de desniveles espaciales a medias alturas relacionados por rampas que se incorporan al espacio expositivo. Se consigue así que la altura adquiera un fuerte protagonismo, jugando con los espacios comprimidos y los espacios abiertos. Para idear este conjunto fue decisivo el mundo de sugerencias que nos abrió la visita a las fascinantes y desconocidas rampas interiores de bajada desde el Palacio al Campo del Moro, obra de Sachetti.

La potencia y brutalismo del cofre en su aspecto exterior contrasta con la delicadeza interior. El contenedor de hormigón frente al estuche de madera.  Madera en color ébano, fondo neutro en el que flotan descontextualizadas las piezas expuestas. El  equipamiento escénico con el que están dotadas las  salas permite una gran flexibilidad en cuanto a tamaños y disposiciones de las piezas a exponer.

credits

architect: Estudio Cano Lasso Arquitectos  |  team: Diego Cano Pintos, Gonzalo Cano Pintos, Alfonso Cano Pintos, Lucia Cano Pintos, Luis Pancorbo Crespo, Francesco Costanzo, José Manella García, Luis Suárez Mansilla, Belén Sanz Montoya, Jacobo Bouzada Jaureguizar, Carolina González Vives  |  status: Competition (1999)  |  engineer: APARTEC, Bovis Lend Lease  |  structural engineer: FHECOR  |  visualizer: Studio  |  scale: medium  |  types: cultural, museum  |  views: 4.807