Experimentar la trascendencia y vigencia de los dos paisajes dominantes en el Antiguo Egipto (tierra negra-tierra roja) es el objetivo principal de la intervención, formalizando la comprensión del lugar desde la perspectiva del río Nilo y desde la perspectiva desértica, emplazándose en una ubicación estratégica que delimita los dos paisajes y permite experimentar en altura el lugar.
Es el contraste paisajístico el artífice de la articulación del trazado, la configuración arquitectónica del museo y los usos desarrollados en el mismo.

El viaje comienza con un recorrido ascendente que interacciona constantemente con el paisaje bañado por el río Nilo y con la actividad dinámica del museo.
Se trata de una pieza “flotante” que emerge del río Nilo articulada en torno a un patio central en contacto con el río.
Su ubicación demandaba una reflexión sobre los posibles usos del museo en relación a la “arquitectura viva” de estas áreas productivas en la civilización egipcia. De esta forma la actividad desarrollada busca el dinamismo , la interacción social, la comunicación, el carácter productivo, la investigación, la observación, compartir cultura desde el proceso, …
Su configuración arquitectónica encuentra respuesta en las capacidades bioclimáticas que el río puede aportar a la construcción, así como en sus condiciones como generador de energía.

El legado egipcio descansa en “tierra roja”, como si se tratase de un enterramiento que dialoga con la eternidad y el mundo trascendental.
Esta parte del museo experimenta una realidad contrastada con la anterior al tomar distancia con el río Nilo para buscar el encuentro con la tierra y con el paisaje desértico.
La arquitectura es sustituida por obra de cantería, siendo la tierra pura la que envuelve el espacio y configura el telón de fondo de la obra expuesta.
La pérdida de la noción espacio-temporal y la inmersión en la tierra nos traslada en el tiempo a través de la verdad del lugar.
Un recorrido lineal organiza el espacio interior a través de una secuencia de cámaras y siendo la pasarela que conecta las dos partes del museo, la que establece la continuidad en el interior del mismo.
El viaje finaliza con un encuentro panorámico con el paisaje puro de la tierra roja.