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Instalación efímera para el VI Festival Arquia/Próxima 2018
Madrid desde Matadero: Dimensión urbana

Siguiendo la línea de las temáticas enunciadas por el festival, se propone una instalación que excede su propio contexto, supera los límites de su espacio contenedor y se extiende por la ciudad. El proyecto se lleva al exterior algo del interior, definiendo un nuevo contexto para sí mismo que ya no es solo el auditorio de la Casa del Lector, sino todo Madrid: el recorrido que harán los asistentes el día previo al Festival.

La instalación prevé la existencia de elementos itinerantes que puedan extraerse del sistema y repartirse por la ciudad, sirviendo como “umbrales”, hitos o puntos de reunión en torno a los enclaves a visitar. Al final, estos elementos satélite nos traerán de vuelta a Matadero y al auditorio, donde tendrá lugar el Festival que, de la misma forma, ha trascendido sus límites físicos y ha estado celebrándose por toda la ciudad.

Ocupar un lugar industrial: La Hielera de Matadero

La intervención busca trabajar con la memoria del lugar, abordando la cuestión de cómo transformar y adecuar un espacio que fue la nave de producción de hielo, al tiempo que se resuelven las necesidades técnicas del evento.

En primer lugar se propone desplazar el foco de atención a un lateral, buscando ir más allá de la disposición habitual orientada al frente. Se genera así una distribución radial en torno a un punto, orientación focal, donde el protagonismo radica en el debate y los ponentes.

La propuesta consiste en una “piel” que envuelve y coloniza el interior del espacio, acogiendo a los asistentes al festival. Una piel o cortina que es doble: hacia el interior, la cara dorada de una manta térmica que arropa a los asistentes y genera un coloquio “cálido y acogedor”; hacia el exterior, un telón negro que configura una tramoya en la que se desarrolla la logística del festival.

Piel que delimita espacios y recintos. Por un lado recoge a los asistentes al evento y dirige la mirada de estos a un punto focal, delimitando a su vez el ámbito de conferencias y debate; por otro, crea un espacio-recorrido perimetral que permite la entrada y salida de asistentes sin interrumpir el acto, así como el movimiento “entre bastidores” de los técnicos del festival para cambiar el mobiliario y configuración de la escena entre cada actividad.

Con sus pliegues y abocinamientos, la piel da respuesta a las necesidades del programa y se adapta al lugar existente, respetando la posición de pantalla, puertas y accesos, al tiempo que intenta redefinirlo y transformarlo.

La piel toma la forma de una gran cortina continua, dividida en módulos con piezas de tela deslizantes, permitiendo que sea el público el que transforme y configure el espacio del festival al ir abriendo las cortinas para acceder y cerrándolas una vez empiece el evento. Pequeñas interacciones de los usuarios con ese textil que adquieren una magnitud mayor al configurar el espacio contenedor.

Construcción y materialidad

La propuesta se materializa a través de un sistema de postes verticales y barras horizontales de aluminio, de los cuales cuelgan cortinas que pueden extenderse y recogerse. Los postes se disponen sobre bases de acero que sirven de contrapeso.

El sistema consiste en un módulo base que se va repitiendo, elementos pequeños que configuran una instalación de mayor magnitud, formando una suerte de línea porticada que ocupa toda la longitud deseada. Segmentos de este sistema pueden extraerse y llevarse al exterior como elementos itinerantes. Sobre este sistema de cortina simple se aplica una transformación, introduciendo una doble cortina para atender a la idea de “doble cara” de la piel, con una manta térmica dorada de un lado y un textil de color negro al otro.

Se trata de un sistema existente, prefabricado, industrializado y económico. Se puede alquilar en empresas con sede en Madrid, que ofrecen transporte, montaje y desmontaje de la instalación.

Mediante el uso de estos sistemas y materiales, se consigue una instalación que sigue las lógicas de lo efímero y de lo blando, del bricolaje, de lo ligero y desmontable, acorde con la fugacidad de un festival con solo una jornada de actividad.