La convocatoria del concurso contiene dos grandes temas de arquitectura. Por una parte resolver de forma prototípica y económica (en términos espaciales y funcionales) un programa que pretende implantarse en el país, dedicado a las artes escénicas. Del mismo debe resaltarse la dificultad técnica que  implica la Sala Principal, que debe atender a requerimientos acústicos y espaciales diferenciados (teatro, música sinfónica, ópera). Se trata de un tema que  demanda la máxima racionalidad y a la vez sensibilidad para atender a cada una de las actividades de forma apropiada.

Por otra parte, el edificio debe dar una respuesta espacial a un lugar ambivalente: a la vez que dotado de una belleza singular, de especial intensidad  paisajística y simbólica, el lugar queda aislado de la vida urbana por su localización cruzada por infraestructuras (que a su vez lo hacen accesible desde la  región). Curiosamente, lo más valioso de su ubicación, las vistas escenográficas, se corresponde escasamente con el carácter introvertido implícito a un centro de  artes escénicas por lo que de poner ambos en relación se transforma en un aspecto proyectual decisivo.

Nuestra propuesta atiende a estas solicitudes preservando todo el rigor demandado por la convocatoria en la organización planimétrica y, a la vez, haciendo  énfasis en fomentar la máxima participación ciudadana, generar y no sólo recibir cultura, captando al mayor número de ciudadanos de todas las edades y  condiciones. Así pues, entendemos que la misión del proyecto es transformar un programa esencialmente ensimismado en una oportunidad para catalizar  la vida pública y la interacción social. Para ello no basta con una imagen singular, ”icónica”, en la que el ciudadano pasa a ser objeto y no sujeto protagonista;  la construcción debe ceder a la experiencia individual y colectiva el protagonismo y para lograrlo, transformarse a sí misma en un “lugar de la experiencia” que  ponga en relación la cultura con el marco geográfico, un interface que, en última instancia, busque transformar la experiencia en conocimiento.

Hemos entendido que hacer parcialmente accesibles las cubiertas de la construcción dotándolas de un cierto movimiento, permitía intensificar la relación con el  paisaje pero también multiplicar las actividades del centro fomentando la creatividad espontánea. El conjunto edificado duplica su vida transformándose en un  equipamiento colectivo que el ciudadano hará suyo de múltiples maneras relacionadas con el paisaje, el deporte, el ballet, la gimnasia, la danza, el cine o  simplemente el aislamiento y la contemplación. Este es en resumidas cuentas el proyecto que proponemos y la dualidad que lo resuelve: compatibilizar la más estricta adaptación a los requerimientos programáticos de su interior con la generación de una topografía activa, en resonancia con el lugar, dando  forma a lo que Stan Allen ha denominado recientemente  “Landform building”, una modalidad dual, paisajística y arquitectónica, en la que los requerimientos  diferenciados del programa y el lugar se apoyan mutuamente para activar y hacer memorable la experiencia de la cultura y el paisaje, unificando naturaleza y  artificio a través de la intensificación de la experiencia.

La propuesta concreta desarrollada, dotada de una geometría ondulada y estratificada no sólo permite esta unificación conformando una quinta fachada singular,  sino que está abierta a una interpretación polisémica, a la vez referenciable al teatral mundo de las bambalinas y al paisaje acuático al que sirve de atalaya;  también, al universo oscuro de la actividad sísmica. Todas estas y otras interpretaciones tienen su peso icónico que se suma conscientemente a la voluntad de  abrirse al parque y al diálogo con el memorial 27F para dotar de sentido y variedad al conjunto paisajístico.

Esta idea se hace extensible a la forma dada a la playa de estacionamientos demandada en la convocatoria, cuya geometría de hipódromo, casi arqueológica, y  su tratamiento semiblando permitirán completar la oferta entendiéndola más como un equipamiento deportivo ocasionalmente ocupado por vehículos que como  un estacionamiento ocasionalmente útil para la práctica deportiva. De esta forma la cultura, el deporte, la memoria y el paisaje se ordenan en una sucesión de  organismos espaciales característicos, ensartados linealmente por el paseo junto a los márgenes del Bío-Bío, como un conjunto programático lineal que da  sentido y refuerza esta localización única.

Entendemos esta suma de acciones arquitectónicas y paisajísticas como una verdadera apuesta por la sostenibilidad general de la operación a las escalas  edificada y urbana, atendiendo de forma racional en el primer caso a un factor de forma óptimo, unos sistemas constructivos que buscan el equilibrio entre luz  natural y ganancias térmicas y unas técnicas de acondicionamiento basadas en la abundancia de agua en el lugar. Y en el segundo a pavimentaciones naturales  y permeables con un mínimo impacto ambiental. Pero sobre todo atendiendo a un equilibrio entre balance energético, huella ecológica y experiencia colectiva del  espacio que consideramos el principio básico de una nueva belleza termodinámica.

credits

architect: Abalos + Sentkiewicz  |  team: Ábalos + Sentkiewicz arquitectos (Iñaki Ábalos, Renata Sentkiewicz), MC2 arquitectos asociados (Alejandro Morales, Francisca Cifuentes, D+ (Andrés Durán)  |  collaborator: Juan Enríquez, Rodrigo Rieiro, José Rodríguez, Deborah López  |  status: Competition (2011)  |  clasification: 3 rang  |  structural engineer: Juan Lopéz O.  |  visualizer: Studio  |  model maker: Deborah López  |  scale: 9.296,5 m2 large  |  types: cultural, theater  |  views: 1.869