Imaginen que caminan por una hermosa calle de Venecia, una calle estrecha y silenciosa que atraviesa una diminuta plaza repleta de macetas. Imaginen que de repente, al final de esta calle, se encuentran de bruces ante una puerta abierta con un cartel sobre ella que dice: “TEATRO MÁGICO, SOLO PARA LOCOS”.

Es una puerta antigua, de madera desgastada, y tras ella se puede ver lo que parece una rampa mecánica, que asciende hacia algún lugar que se escapa a la vista. Imagínenlo por un instante. Lo primero que harían sería mirar a ambos lados de la calle, buscando alguna pista sobre ese lugar en los muros de ladrillo cubiertos de carteles de papel y de pintadas. Nada.

En cuanto ponen el pie sobre la rampa, ésta comienza a moverse y les lleva en sentido ascendente a través de un patio viejo, inundado por el sonido de una fuente y el olor a jazmín. Pero no pueden tocarlo porque la rampa sigue su curso y se adentra entre dos muros altos, separados poco más que el ancho de una persona, así que lo único que pueden ver ahora es una rendija de cielo sobre sus cabezas. A continuación, la rampa atraviesa un nuevo patio. Es el interior de una antigua estructura metálica, del que ahora cuelgan todo tipo de esculturas.

Arriba está la plaza. Una plaza sobre los tejados de Venecia. Una plaza blanca abierta a la laguna y a la fachada también blanca de la Iglesia de San Francesco della Vigna. Una plaza secreta, oculta desde la calle. Construida en la base de dos antiguos gasómetros, patrimonio industrial recuperado, que la atraviesan y se alzan imponentes sobre ella.

Al asomarnos a la laguna, atraídos por la visión del cementerio de San Michelle, descubrimos una inmensa escalinata blanca que desciende desde nuestros pies hacia otra plaza, que se posa sobre el agua. Todo del mismo material, del mismo mármol blanco.
Una plaza en el cielo y otra en el agua.

Aunque existe un núcleo de comunicaciones verticales -alojado en la cubierta de una antigua nave industrial que el proyecto incorpora al centro-, descendemos al nivel inferior a través de aquella escalera de mármol blanco. Bajo la plaza, el centro se abre al jardín y establece vínculos con los edificios colindantes. Su posición centrada le permite articular distintos espacios de jardín e independizar usos.

El programa se distribuye en: Recepción, Cafetería -que se abre tanto a la plaza pública del mercado como al patio privado del colegio-, Aulas, Restaurante -que se abastece con los productos de los propios huertos-, Mercado ecológico, Patio, Talleres para la creación artística, Laboratorio de revelado fotográfico, Estudio de grabación, Sala de proyecciones y conferencias, Biblioteca, Administración, Residencias de los artistas, Aseos, Ascensores, Instalaciones.

Solo para aquellos con la mirada lo suficiente.mente torcida como para hallar la entrada. Dentro, todo.
Fuera, nada.
Apenas unas puertas que han sido abiertas, unas puertas que ya estaban ahí antes de llegar y que ahora son la boca de la madriguera de Alicia. Nunca se sabe qué se encontrará uno tras una puerta.

La única intervención exterior del proyecto consiste en la instalación de un pomo metálico en la puerta principal, que abre al callejón de la Pietá.
Este es un acceso exclusivo para visitantes, sobre el que se puede leer el cartel que dice “TEATRO MÁGICO, SOLO PARA LOCOS”. No tiene marcha atrás.

Acceso a las Residencias para artistas. Privado.
Se persigue el intercambio cultural entre los representantes del mundo del arte contemporáneo y los representantes del clero, del mundo espiritual y religioso. Se propone la convivencia en el convento entre artistas y las personas religiosas que lo habitan. Una invitación a los primeros a experimentar la vida introspectiva de los sacerdotes y a los segundos de conocer aquello que el mundo de hoy desea expresar a través del arte.

Acceso desde la laguna.De cómo entrar en barca al interior de un huerto. Una travesía a través de una antigua y oscura nave cuyo tejado ha sido perforado con decenas de agujeros por los que penetra una luz punzante, casi prohibida.

Acceso desde el canal. Cada puerta hallada es una historia que desea suceder. Se trata de la entrada más pública, que abre hacia el mercado, el restaurante y la cafetería, todos abastecidos con los productos de los huertos. Este acceso y esa plaza y los usos a los que sirve pueden funcionar de forma independiente al resto del centro.

Portón de salida.
“CERRAR AL SALIR”.
Si nos giramos para tratar de volver a ver el espacio que acabamos de abandonar, descubriremos asombrados que nada, ni la plaza sobre los tejados, ni los huertos, ni siquiera la gente, es visible desde ahí fuera.
Será como si todo hubiera sido un sueño, como si aquel espacio no existiera realmente.

credits

architects: AFAB, Joaquín Perailes Santiago  |  team: Aitor Frías Sánchez, Joaquín Perailes Santiago  |  client: Otis  |  status: Competition (2017)  |  competition: Venezia Senza Te  |  location: Venice, Italy (45.4392793,12.3471203)  |  climate: Humid subtropical, Temperate  |  material: undefined  |  environments: Park, Seaside  |  visualizer: Studio  |  scale: 10.000 m2 large  |  types: intervention, public space  |  views: 4.823

same competition (+1)

José Antonio Costela Mellado, Gádor Potenciano Enciso | AFAB, Joaquín Perailes Santiago