Una suave ladera dorada conecta el Castillo de Sant Marçal con la trama urbana definida por pequeñas edificaciones unifamiliares. Este territorio de campos de trigo queda rodeado por diferentes tejidos y con diferentes escalas: en el lado noroeste lindamos con la Estación de Ferrocarriles por delante del Campo de la Universidad Autónoma de Barcelona; en el sur tenemos la zona en desarrollo del Parque Tecnológico del Vallès; y al noreste limitamos con la trama residencial del barrio de Serraparera que nos conduce, dirección este, hasta el centro histórico de Cerdanyola del Vallès.

La propuesta procura dejar la menor huella posible en el contexto, de manera que el recuerdo de los tonos dorados del trigo siga apareciendo como zócalo de las vistas hacia la población.

La visión hacia el núcleo construido nos hace presente el plano del suelo, el de los campos; mientras que la visión en el sentido opuesto, desde la nueva Rambla, nos muestra un horizonte lejano puntualizado por la posición elevada del Castillo de Sant Marçal.

El conjunto coloniza el lugar a través de la geometría; una huella en planta que reconoce la heterogeneidad de direcciones que impregnan el lugar. De esta forma los edificios se suman a las calles, a las vistas y a las orientaciones, respetando en su totalidad el trazado vial. Las dos piezas a mantener, se incorporan al lenguaje de la intervención mediante las diagonales que configuran el trapecio: el edificio “Policity”, implantado buscando el mayor rendimiento posible; y la Masia Can Planes, con su diseminación de pequeñas construcciones.

La dimensión de los edificios reconoce y busca similitudes con la superficie que ocupan las manzanas residenciales que, todo y ser visualmente franqueables, son físicamente recintos cerrados.

La suma de piezas construye una fachada del conjunto más continua cuando limita con el tejido existente. Mientras que la fachada sureste de la rambla es más discontinua, donde la suma de edificios en parejas construye tres planos de profundidad diferente, para acabar teniendo menor densidad y presencia cuando el proyecto se acerca al Torrente Magrans. Esta solución refuerza la voluntad de “la Rambla como conector a la vez que transición entre el municipio de Cerdanyola y el Barrio Innovador”.

Los edificios presentan una altura variable de cuatro a cinco plantas relacionándose con el edificio “Policity”.

El volumen se vacía mediante una grieta que permite multiplicar su perímetro, abriendo las visuales y llevando iluminación y ventilación al corazón del edificio.

Un segundo orden de grieta, reconoce una escala más colectiva que urbana y permite ventilar e iluminar los núcleos de comunicación. Tan solo cinco núcleos de comunicación vertical organizan todos los accesos.

La planta tipo desdibuja los límites de la propiedad, con la intención de construir un poblado en altura a modo de “kasba”. Este sistema de agregación permite una gran flexibilidad, entendida como la concatenación de diferentes espacios de medidas similares con la capacidad de ser habitadas  de formas diferentes. La planta, donde una cama o una mesa pueden ser colocadas de forma indistinta en diferentes células, nos ayuda a reconocer la capacidad flexible del espacio por delante de su especialización.

La grieta mayor hace patente la unidad de agregación, donde la disposición de las viviendas alrededor de una geometría “en caracol”, se repite mediante una simetría diagonal que resuelve la ordenación de la planta sin excepciones.

La geometría diagonal de las calles se incorpora al edificio y pasa de ser excepción a regla de juego.

La repetición y ordenación de los edificios en una retícula estructural de 5×7,5 metros, se extiende por el territorio garantizando la ortogonalidad y paralelismo entre los edificios, aportando orden desde su implantación a la diversidad del entorno. Esta malla permite una lectura completa de la intervención como si fuera un solo edificio y dialoga perfectamente con la heterogeneidad del programa, desde el aparcamiento, al comercio, los equipamientos y las viviendas.

La aparente complejidad de la planta queda resuelta mediante el uso de tan solo cinco tipologías, con una configuración que da respuesta a la diversidad de necesidades de sus futuros ocupantes.

En un primer anillo, anexo a las pasarelas de circulación, se ubican los núcleos húmedos, para garantizar el mantenimiento desde el espacio comunitario. En el segundo anillo se ubican dormitorios y salas. Y en el tercer anillo, cuando se da el caso, siempre aparece una habitación vacía, una terraza cubierta que permite iluminar y ventilar las estancias del segundo anillo.

El volumen entrega con el suelo materializándose en una piedra que resuelva posibles problemas constructivos derivados de humedades, agresiones a la fachada, etc. Este zócalo hace de base del resto del edificio, acabado con un estucado color siena. Dicho color da continuidad a la textura cromática de los campos, imprimiendo en la fachada la memoria del lugar.

Una única proporción de hueco, pero con dos medidas diferentes, resuelve la composición de ventanas de la intervención como si fuese una textura de perforaciones en la masa edificada. La grieta de mayor dimensión se convierte en una ventana urbana y las dos pequeñas en una ventana de barrio.

Este corte en el lado corto del trapecio permite cambiar la altura del edificio y coser las cornisas en el trazado descendiente de la nueva Rambla, presentando la suma de los edificios como un conjunto. El perfil recortado de la Rambla actúa de zócalo visual hacia el Castillo, estableciendo diálogo frente a confrontación.

La vivienda, entendida como la suma de piezas del puzzle que configura la agregación, procura diagonalizar la planta de manera que se perciban sensitivamente espacios mayores. Se acumulan los espacios servidores, las cajas húmedas, junto a los espacios comunitarios y junto a los patios, garantizando el posible mantenimiento y ventilación, respectivamente. Anexos a los patios tenemos los tendederos, resolviendo una parte muy importante del habitar de la casa y evitando la ocupación de las terrazas para este tipo de uso. Dichas terrazas se convierten en una extensión del interior de la vivienda que, por sus dimensiones, son una habitación más. La disposición en planta de la cocina permite que sea cerrada si el usuario lo requiere, o abierta, de manera que potencie dobles recorridos a su alrededor, alargando las dimensiones perceptivas de la vivienda.

La propuesta hace uso del sentido común que ejemplifica la arquitectura tradicional, así: la dimensión de las crujías y la disposición de los patios, garantiza la ventilación natural de la vivienda; la “habitación vacía” permite trabajar de colchón térmico con el exterior y, por lo tanto, el uso de este espacio en verano; la cubierta ventilada permite que ésta no sea fachada de las viviendas de la última planta y no sufran la inclemencia del sol y la lluvia.

La propuesta pone especial atención en el espacio público, dando continuidad al paisaje existente, manteniendo el vacío necesario para que la Masia preserve su carácter sin quedar aislada, y resolviendo el límite entre lo natural y artificial cuando entrega con los límites del Torrente de Magrans. La relación lleno-vacío procura conciliar la actividad profesional con la vida social y familiar.

Unos caminos peatonales discurren en el sentido Torrente-Barrio Serraparera conectando todos los edificios, como si estos deslizaran a través de estos pasajes-guía y permiten la conectividad entre los diferentes tejidos a pie y en bicicleta. Desde estos caminos se producen los accesos al uso residencial mediante pasajes transversales que potencian el juego luz-sombra.

Los edificios presentan grandes umbrales, a modo de puerta hacia los usos comerciales situados en las plantas bajas delante la nueva Rambla y las calles paralelas.

La propuesta trabaja sobre la jerarquía de los espacios, potenciando los espacios intermedios que dialogan entre lo público y lo privado. El énfasis puesto en la proporción entre el lleno y el vacío pretende potenciar la continuidad del paisaje natural e implantar la propuesta como parte de este, con el objetivo de encontrar el equilibrio entre el habitar, el socializar y el trabajar.

credits

architects: Josep Ferrando, Marc Nadal, David Recio  |  collaborator: Anne-Lise Roussat, Jordi Pérez, Borja Rodríguez   |  status: Competition (2011)  |  visualizer: Play-Time architectonic images  |  scale: 56.000 m2 large  |  types: housing, residential  |  views: 3.314